Su Poesía...
El Diccionario define a la palabra Poesía, en una de sus acepciones como: “Carácter de lo que produce una emoción afectiva o estética”, y a la palabra Prosa como: “Forma natural del lenguaje no sometido a la medida y ritmo del verso”
¿Le gusta la poesía, o el hablar poético? Hay personas cuyas vidas se desarrollan al son de los poemas y otras que se sienten cómodas o identificadas con la prosa. Por lo general, si le agrada mucho una de ellas, no se sentirá tan atraído por la otra forma del lenguaje.
En Su Palabra, Dios usa ambas formas de expresión. Puede ser absolutamente poético o crudamente directo cuando trata de hacernos entender sus propósitos y su mensaje.
En Amós podemos ver esto comprobado con los ejemplos...
No hay mucha poesía en esta declaración de Dios:
“Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: traed y beberemos...Id a Bet-el y prevaricad; aumentad en Gilgal la rebelión...Os hice estar a diente limpio en todas vuestras ciudades, y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos...Os herí con viento solano..os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra...” (Amós 4:1-5, 6, 9,11)
¡Pero qué diferencia en estas palabras!
“Porque he aquí, el que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento, el que hace de las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová Dios de los ejércitos es su nombre” (Amós 4:13)
“Oíd esta palabra que yo levanto para lamentación sobre vosotros...” (Amós 5:1)
“Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo” (Amós 5:24)
Vemos belleza, grandeza y metáfora... Vemos a Dios intentando emocionarnos y hacernos comprender nuestro pecado y Su dolor...
En Colosenses 2:2-3 leemos:
“Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”
En cada uno de los libros de las Sagradas Escrituras, podemos descubrir profundos tesoros, escondidos o visibles, acerca de nuestro Gran Dios. Están allí, esperando a que los encontremos, los analicemos, los hagamos carne en nuestras vidas...
Recordemos: ¡Podemos sumergirnos, cual buzo bien entrenado, en las recónditas profundidades del océano de Su Palabra y hallar hermosas perlas que adornarán nuestras vidas!
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