ASAMBLEAS DE LOS HERMANOS
Mostrando entradas con la etiqueta Alimento Espiritual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alimento Espiritual. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de febrero de 2009

sábado, 20 de diciembre de 2008

La mujer y su participación audible en la asamblea local.


¿Que dice la biblia con respecto a esto? Te invitamos a leer en este documento.

jueves, 25 de septiembre de 2008

¿Como me preparo para participar de la Cena del Señor?


Preparación para Participar en la
Cena del Señor

En este estudio iremos a las Escrituras para ver qué es lo que Dios espera de nosotros mientras nos preparamos para participar en la Cena del Señor.
¿Cómo te preparas —o no te preparas— normalmente? Durante años he escuchado a hombres de Dios que han tenido la costumbre de ir llevando las cuentas al día con Dios y la noche del sábado antes del día del Señor pasarla tranquila. Pasar estas horas cruciales en meditación y calma serán de gran provecho.

Desafortunadamente, este método solemne y bíblico de preparación para la Cena del Señor, es más la excepción que la regla. Todos sabemos que lo que hace gran parte del pueblo del Señor el sábado por la tarde es mirar todo tipo de deporte, y algunas veces alguna película. Amados, estas actividades, aunque son agradables a la carne, no preparan el corazón para encontrarse con el Rey al día siguiente.

Una vez citaron a un hombre para comparecer ante Su Majestad la Reina. Éste fue uno de los días más grandes de su vida. Junto con la citación, se le dieron instrucciones de cómo debería vestirse. El protocolo incluía un sombrero gris, frac, pantalones de rayas, y zapatos negros. Cuando llegó al Palacio Buckingham, le escoltaron hasta una sala, y le dieron instrucciones específicas de cómo debía entrar y salir de la presencia de Su Majestad. Debía acercarse a ella por un lado, entonces ponerse en frente, y desde ese punto, proceder a su lugar designado delante de ella. En la conclusión de la entrevista y después de la entrega de la condecoración, debía retroceder hasta cierto punto, y entonces salir por el lateral. Recibió estrictas instrucciones que bajo ninguna circunstancia debía darle la espalda a Su Majestad.

Amados, nosotros no nos encontramos con Su Majestad la Reina en la Cena del Señor. Nos encontramos con Su Majestad el Rey de reyes y Señor de señores. Si es tan importante que los que se presentan ante la Reina vayan ataviados correctamente e instruidos en su protocolo, cuánto más importante es que nosotros nos ataviemos y preparemos adecuada y espiritualmente cuando venimos a adorar a Su Majestad.
En Lucas 22:19-20, dice que el Señor Jesús:
"Tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama".

Aquí la deducción es que también bebemos de la copa en memoria de Él. En 1 Corintios 11:23-25, Pablo escribe:
"Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí".

Tres veces en este pasaje se menciona: "Haced esto en memoria de mí".
Con estos pensamientos en mente, consideremos unas verdades relativas al propósito de la Cena del Señor. Hay por lo menos "cuatro miradas" que debemos considerar si vamos a hacer memoria del Señor de una manera aceptable:
Primero, debemos "mirar adentro". Siempre debe haber un periodo de auto examen antes de la adoración. Segundo, durante nuestra adoración debemos "mirar atrás", una mirada llena de adoración a las glorias pre-encarnadas de Cristo, y Su obra redentora en la Cruz. Los aspectos del oro, el incienso y la mirra en la vida y carácter del Señor deberían estar siempre bajo consideración. Tercero, debemos "mirar arriba", donde el Cristo de Dios está sentado a la diestra de Dios, coronado de gloria y honra. Cuarto, debemos "mirar hacia delante" a la venida del Señor.

Rara vez alcanzamos estos dos últimos puntos en nuestras reuniones de adoración. Nos quedamos con nuestro bendito Señor colgado de la Cruz, cuando en realidad Él está exaltado a la cumbre más alta del universo:
"...Resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo" Efesios 1:20-23.

Pablo también nos exhorta a recordar al Señor:"hasta que Él venga". Cuando nos reunimos para partir el pan, estamos anunciando al mundo, a los ángeles, y a nosotros mismos, que el Señor viene pronto. La Cena del Señor no debería ser sólo un lugar de pena, sino que debería ser un lugar de anticipación y gozo:
Estoy esperando el retorno del Señor que murió por mí.
Sus palabras me han alentado, "Volveré a buscarte a ti".
Casi oigo ya sus pasos que se acercan más y más.
Y mi alma está anhelando, ir con Él por la eternidad.

Hagamos ahora más hincapié en la parte de nuestra preparación "mirando dentro". Pablo nos exhorta a dar una mirada introspectiva hacia nosotros mismos cuando dice: "Examinaos a vosotros mismos". Mi opinión considerada es que es una verdadera imposibilidad recordar al Señor y adorarle aceptablemente a menos que primero nos hayamos examinado y juzgado a nosotros mismos. Debe haber un auto examen, y un auto juicio a fondo, que alcance lo último de nuestra alma, seguido de una revelación sin reservas de nosotros mismos a Dios, antes de que pueda haber verdadera adoración. A continuación de esta exposición del alma, debe haber una confesión y arrepentimiento completo de todo pecado no ignorado. Amados, ¿conocéis algo de este ejercicio espiritual que mueve el corazón, antes de recordar al Señor? Somos propensos a decirle a los pecadores que deben confesar y arrepentirse de sus pecados. Ahora el dedo de Dios nos señala a nosotros. Si tenemos algún pecado sin confesar en nuestras vidas, debemos sacarlo a la luz delante de Dios, confesarlo, y arrepentirnos de ello. Cuando hayamos hecho esto, estaremos en el estado adecuado para recordar al Señor y adorar a Dios.

Además, antes de participar en la Cena del Señor, debemos juzgar nuestros motivos al igual que nuestras acciones. Todo esto debiera ser puesto delante nuestro para analizarlo detenidamente. Esto se aplica tanto a los hermanos mayores como a los jóvenes. ¿Cuál es el propósito de ir a la Cena del Señor? ¿A quién recordamos? En Juan 12, las multitudes no iban a Betania para ver a Jesús; venían para ver a Lázaro, al que Jesús había resucitado de la muerte. Los sabios de Oriente fueron a adorar al Rey. Los hombres sabios aún van a adorar al Rey. Los discípulos, en el Monte de la Transfiguración "a nadie vieron, sino a Jesús solo". ¿Vamos realmente a la Cena del Señor a ver a Jesús y a adorarle a Él?
¿Cuál es el propósito básico de asistir a la Cena del Señor? ¿Es que me oigan? ¿Es el actuar en un impulso repentino? ¿Es simplemente exponer la Palabra de Dios a los presentes? Hay algunos que convertirían la Cena del Señor en una reunión de exposición de la Palabra. Éste no es el propósito de esta reunión única; es completa y únicamente para adorar a Dios, y para recordar a Jesús como Él mismo nos dijo.

Respecto a lo de la exposición de la Palabra o contar experiencias, no hay nada malo en ello, pero, en el nombre de Dios, preservemos la singularidad sin par, majestuosidad, esplendor, y sublimidad de la Cena del Señor, y tengamos otra reunión en otro momento para lo demás.

En Lucas 22, y 1 Corintios 11, las palabras: "haced esto en memoria de Mí" se mencionan tres veces directamente y una por inferencia. ¿Por qué quiere el Señor que asistamos a esta reunión única? Es para "hacer memoria de Él", traerle a la memoria. Éste es el único propósito de acudir a la Cena del Señor. Todo y todos deben someterse a Jesucristo. La gloria y majestad incomparables, y la dignidad sin par de Su persona deben saturar a todos los congregados. Todas las relaciones humanas, terrenales y mundanas, deberían palidecer en insignificancia. La atmósfera en la Cena del Señor debe estar cargada con la gloria del Señor Jesús de la misma manera que lo fue en el Monte de la Transfiguración. En esta ocasión, el Señor se mostró supremo; ni los mejores hombres podían comparársele. Cuando Pedro equiparó al Señor con Moisés y Elías, Dios selló la escena con una manifestación de Su gloria y, cuando la nube fue quitada, "a nadie vieron sino a Jesús solo". Cuando asistimos a la Cena del Señor, nosotros tampoco deberíamos ver a nadie excepto a Jesús, y adorarle sólo a Él.

A través de los años se ha desarrollado entre nosotros la tendencia o tradición de ministrar la Palabra en medio de la Cena del Señor. A menudo, este ministerio es de naturaleza general, y tiene muy poco que ver con el objetivo de nuestra reunión. Soy de la opinión de que si se ha de ministrar la Palabra antes del partimiento del pan, al menos este ministerio debe estar enfocado en la Persona y obra del Señor Jesús. Mientras escuchamos este ministerio que está exaltando a Cristo, nuestros corazones se ablandan y nos acercamos a Él, y aumenta la capacidad para adorarle. Este tipo de ministerio es el único provechoso antes del partimiento del pan [nota del traductor: y todavía mejor si lo que tenemos que decir, en lugar de decirlo a los hermanos como un pensamiento devocional, nos dirigimos directamente al Señor en adoración y se lo decimos a Él en presencia de los hermanos congregados].

Hay una gran diferencia entre "ministerio" y "adoración", aunque adoración es ministrar al Señor. Pero cuando hablamos del ministerio, por ejemplo, de la Palabra, a otras personas, es otro concepto. Es algo que viene a nosotros de parte de Dios, a través del Hijo, en el poder del Espíritu Santo. Entonces este ministerio es dado a otros mediante del instrumento que Dios ha preparado y a quien ha entregado el don para este propósito. Esto es lo que es el ministerio de la Palabra, al menos en su sentido ideal. Desafortunadamente, no todo el ministerio llega a este valor.
Pero la adoración es algo totalmente distinto. Es generado en el corazón, y entonces asciende a través del Espíritu Santo, al Hijo, Quien a Su vez lo presenta al Padre en todo el valor de Su gloriosa Persona. Así que, el ministerio desciende de Dios, pero la adoración asciende a Dios. Ya que la adoración es la forma suprema del servicio de un creyente, debemos llegar hasta el Supremo.

Nuestro hermano, A. P. Gibbs, diferencia entre ORACIÓN — ACCIÓN DE GRACIAS — y ADORACIÓN. Dice que "LA ORACIÓN ES UN ALMA OCUPADA CON SU NECESIDAD". Hay reuniones en las que se debe orar, y gracias a Dios por ellas. Éste es el motivo de la reunión de oración. Pero aunque algunos no lo hayan entendido así, la Cena del Señor no es el lugar para orar, para hacer colar al final de una expresión de adoración una pequeña petición: "y te rogamos que aceptes nuestra adoración," o cualquier cosa así. No son palabras malas, pero están fuera de sitio. Dios ya nos asegura de que nos acepta y recibe nuestra adoración. Pero si tuviéramos que pedirlo, el lugar y el momento no es la Cena del Señor, porque la Cena del Señor es el lugar para hacer memoria del Señor y adorarle.

"LA ALABANZA O ACCIÓN DE GRACIAS ES UN ALMA OCUPADA CON SUS BENDICIONES". No hay nada malo con estar ocupados con nuestras bendiciones. El salmista dijo que "es bueno dar gracias al Señor", pero en esta esfera uno no alcanza el ideal de Dios.
"LA ADORACIÓN ES UN ALMA OCUPADA SÓLO CON DIOS". Éstas almas son las que el Padre busca que le adoren. Muchos de los queridos hijos de Dios, a pesar de su conocimiento de las Escrituras, no han sido capaces de irrumpir a través del techo de alabanza y acción de gracias para entrar a través del velo al lugar santísimo, y allí adorar al Señor en la hermosura de la santidad.

Cuando estamos en el Espíritu y estamos siendo controlados por Él, podemos entrar en una experiencia espiritual profunda y conmovedora mientras adoramos a Dios, y estar más cerca del cielo que de ningún otro lugar en la tierra.

Adorar en espíritu y en verdad puede ser costoso. Puede ser costoso en tiempo. Puede que los demás no comprendan por qué nos ausentamos de ciertas actividades para preparar nuestros corazones para adorar en la Cena del Señor. El Salmo 45 dice: "Rebosa mi corazón palabra buena, dirijo al rey mi canto..." El corazón del salmista estaba rebosando de la adoración que él había hecho. Adorar no es como encender la luz, un toque al interruptor y ya está. Lleva tiempo preparar el corazón para adorar. No se aprende a adorar en un seminario o en un instituto bíblico. Aunque aprendieras algunas cosas buenas ahí, no pueden enseñar a una persona a adorar. No es una asignatura académica. Es difícil enseñar a otro a adorar, porque es algo que se aprende en la práctica. El mejor lugar para aprender a adorar es el que ocupó María la hermana de Lázaro, es decir, a los pies de Jesús. Ella aprendió, lloró, ungió, y adoró a los pies de Jesús.

Si sientes que no estás suficientemente cerca de Jesús al estar a Sus pies, sube un poco más y, como Juan, recuéstate sobre el pecho del Salvador; escucha cada latido de Su corazón; oye los suspiros que se escapan de Sus labios; saborea las palabras que fluyen como miel de Su boca; mira Sus ojos benditos que hablan de Su profundo amor; contempla Su rostro que fue herido más que cualquier otro, permanece maravillado ante las manos y los pies marcados por los clavos, y el costado abierto. Allí es donde aprenderemos a adorar, pero ganar esta percepción profunda en el corazón del Señor puede ser costoso.

Para María, adorar al Señor fue una experiencia costosa, pero bendita. Trescientos denarios era el salario de un hombre por el trabajo de un año. María invirtió sus ahorros en aquel perfume. Al dárselo todo a Él, ella mostró el amor ilimitado que tenía por Jesús. Derramó hasta la última gota de aquel costoso y precioso perfume sobre Su bendita persona. Nunca en Su vida fue tan honrado el Señor Jesús.
Cuando nos reunimos en la Cena del Señor, Dios no quiere nuestras lenguas, ni tampoco nuestros talentos. Tampoco quiere nuestra palabra de ministerio, a menos que sea en el Espíritu. El Señor Jesús quiere todo nuestro amor y adoración. María le dio ambas cosas —ella le dio su todo.

Hace años vi (en la televisión) cómo algunos veteranos de la guerra volvían a las orillas de Normandía. Con gran emoción, visitaron las escenas de brutales batallas anteriores. Más tarde, visitaron las tumbas de sus amigos que habían muerto en la batalla. Finalmente, la cámara enfocó una lápida que llevaba el nombre de un joven de diecinueve años. Debajo del nombre estaba la siguiente inscripción: "Dio su todo". Este joven dio todo lo que tenía por nosotros; dio su todo por su Rey y su país. Amados, ¿qué hemos dado nosotros al Señor Jesús? ¿Le hemos dado nuestras vidas? En la Cena del Señor y en casa tenemos la oportunidad de hacerlo.

Sí, adorar es costoso. A Abraham le costó. Él dijo a los jóvenes: "Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos". Adorar a Dios, al llegar a este punto, a Abraham le costó su hijo, el hijo al cual amaba con todo su corazón. Estaba dispuesto a sacrificar su posesión más preciosa para adorar a Dios. Si quería adorar a Dios aceptablemente, debía preparar su corazón; debe haber sacrificio y consagración de mente y cuerpo. Debemos saber lo que significa tener: "purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura". Es en este estado sublime y espiritual en el que somos aptos para entrar en la presencia del Señor y adorarle.

También hay una advertencia solemne dada para aquellos que participan en la Cena del Señor. En Levítico 10, leemos la historia de dos sacerdotes jóvenes que eran impetuosos y celosos. Se precipitaron en la presencia de Dios y ofrecieron fuego extraño y, como consecuencia, perdieron sus vidas. Amados, no podemos asistir a la Cena del Señor, partir el pan y participar del vino de manera despreocupada, haciendo o diciendo cualquier cosa que se nos ocurra.


Pablo les recordó a los corintios que no podían atracarse comiendo y bebiendo hasta empacharse en las cenas fraternales, y entonces esperar poder adorar al Señor en Su Cena. No estaban en una condición apta para discernir el cuerpo y la sangre del Señor en los elementos. Por este grave error Dios visitó esta iglesia en juicio. Algunos estaban enfermos, otros débiles, y algunos habían muerto. Hermanos, si Dios visitara la iglesia hoy de la misma manera, muchas se convertirían en cementerios.
Cuando venimos para hacer memoria del Señor, venimos ante el Creador y Sustentador del Universo. Venimos para hacer memoria del Señor de señores y Rey de reyes. Venimos también a hacer memoria del Cordero de Dios, crucificado y resucitado. El Ascendido, Glorificado, y Aquel que volverá.

Cuando venimos a adorar, debemos estar limpios de todo pecado. Nuestros corazones deberían ser sensibles y tiernos y nuestras canastas deberían estar llenas de las primicias, estando así preparados para adorar en espíritu y en verdad.
Ha llegado el momento de considerar algunos de estos principios importantes. Antes de participar en adoración deberíamos dar una mirada introspectiva hacia nosotros mismos, ocupándonos en un análisis profundo que penetre en nuestra alma, para que cuando nos presentemos ante Dios, en la más completa santidad, nuestros corazones sean limpios y puros. Será entonces cuando, como un volcán, desbordaremos en adoración.

martes, 23 de septiembre de 2008

¿Quien es un Sacerdote?


Edificación Cristiana en Gracia y Verdad

¿QUIÉN ES UN SACERDOTE Y QUÉ ES UN SACERDOTE? (J.N.Darby)

Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)


En el Nuevo Testamento se habla a menudo de los sacerdotes judíos y también de sus sumos y principales sacerdotes. Se habla del sacerdote de Júpiter, quién quería ofrecer sacrificios a Pablo y Bernabé como a dioses. Se habla de Melquisedec y su sacerdocio. Se habla del propio Cristo como de un sacerdote en general y como sumo sacerdote. Todo esto es bastante simple y no necesita ningún comentario particular para nuestro presente propósito. Pero también se habla de otros hombres en la tierra como sacerdotes y de un sacerdocio. (1a. Pedro 2: 5, 9.) El primer pasaje dice, "vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio de Jesucristo", el último dice, "Vosotros, al contrario, sois una raza escogida, un sacerdocio real, nación santa, pueblo de posesión exclusiva; a fin de que manifestéis las excelencias de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz maravillosa." (Versión Moderna). Estas palabras son dirigidas, más allá de toda controversia, a la totalidad de los Cristianos a quienes Pedro dirige su epístola y a quienes él está instruyendo y animando en sus pruebas. Todos los Cristianos son, por consiguiente, un sacerdocio santo y real.

Nuevamente, en Apocalipsis 1: 5, 6, encontramos, "A Aquel que nos ama, y nos ha lavado de nuestros pecados en su misma sangre, y nos ha constituido reyes y sacerdotes para el Dios y Padre suyo." (Versión Moderna). Nuevamente aquí todos los Cristianos son sacerdotes. Esto está en la introducción, antes de la parte profética del libro. En el capítulo 5: 9 leemos, "Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido* para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes." En el capítulo 20: 6, nosotros leemos, "Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años." Estos pasajes nos dicen que todos los Cristianos son sacerdotes para Dios.
{* Yo estoy consciente que esto es leído de otra forma por los críticos, pero no afecta en absoluto el presente asunto y, por consiguiente, lo expongo como es leído normalmente.}

Otro pasaje se refiere a esto, aunque la palabra no se usa. "Por medio de él (Jesús), por consiguiente, presentemos el sacrificio de alabanza continuamente a Dios, es decir, el fruto de nuestros labios, alabando su nombre." (Hebreos 13: 15) (Nota del Traductor: Traducción del texto de la Biblia traducida por J.N.Darby, tal como aparece en el original en inglés de este artículo). Esto llama a todos los Cristianos a ejercer su sacerdocio y muestra de qué manera ellos deben hacerlo. No hay un pasaje en el Nuevo Testamento que hable de, o aluda a un sacerdocio en la tierra, fuera de que cada Cristiano lo es; o que suponga la existencia de un sacerdocio en la tierra, excepto el de todos los Cristianos. Nadie nunca en la tierra es llamado un sacerdote -excepto los sacerdotes judíos y una vez un pagano- excepto cuando los Cristianos son llamados así como tales en general. Una clase distinta de sacerdotes en la tierra en medio de los Cristianos es totalmente desconocida al Nuevo Testamento. Nuestro gran Sumo Sacerdote se ha ido al cielo. Y todos los Cristianos son sacerdotes de una manera espiritual y celestial para alabanzas e intercesiones por medio de Él. El Nuevo Testamento no conoce ni reconoce una clase de Cristianos en la tierra que sean sacerdotes como un cargo distinto del de los otros Cristianos. Un pensamiento tal no pertenece a la escritura y es falso en todo sentido.

Entonces, si se pregunta, ¿Quienes son sacerdotes bajo la revelación cristiana? Yo respondo (porque la palabra de Dios responde), Cristo es el gran Sumo Sacerdote. Todos los Cristianos son sacerdotes y ningún otro sacerdocio aparte de éste es reconocido entre los hombres cristianos en el Nuevo Testamento.

Luego podemos preguntar, ¿Qué es un sacerdote? y más exactamente, ¿Cuales son los principios sobre los que está fundado el sacerdocio terrenal, donde está establecido entre los hombres? Un sumo sacerdote de entre los hombres es descrito así en la Epístola a los Hebreos: "Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados." (Hebreos 5: 1). Otros sacerdotes tenían el mismo oficio cuando el sacerdocio fue establecido en la tierra. Ciertas funciones sólo pertenecieron al sumo sacerdote, pero las ofrendas y sacrificios por los pecados fueron ofrecidos por todos los sacerdotes. Por esta razón, cuando ahora se establecen sacerdotes oficialmente, siempre está, o la institución formal de un sacrificio, como ese de la misa, el cual es bastante consecuente; o el anhelo de semejanza y el esfuerzo por parte de esos llamados sacerdotes por convertir la Cena del Señor en un sacrificio, desde el sentido de inconsecuencia y para lo que ellos están, si ellos realmente son sacerdotes.

Pero todo este sistema niega totalmente la fuerza y la verdad eficaz del Cristianismo. La Epístola a los Hebreos nos asegura cuidadosamente que no queda ningún sacrificio más por el pecado, ahora que el Cristianismo está establecido, fundado en el único sacrificio perfecto de Cristo, cuyos valor y eficacia son eternos. Pero permitamos al lector volver su atención a lo que supone el sistema de un sacerdocio terrenal -lo que eso significa; y él verá prontamente que la idea de un sacerdocio en la tierra, actuando a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, es un rechazo de la entera verdad del Cristianismo. No digo que todos los que creen son consagrados sacerdotes allí, pero el sistema que él mantiene lo hace así.

El establecimiento de una clase de sacerdotes para ofrecer ofrendas o sacrificio u oraciones, es la declaración pública de que otros adoradores no pueden acercarse a Dios directamente con sus ofrendas y sacrificios y oraciones. Ellos deben quedarse a distancia y la clase más favorecida debe acercarse por ellos. El carácter que Dios asumió en tal orden de cosas era estar a distancia de los hombres, encerrándose Él mismo en un santuario oculto dónde NADIE podía acercarse libremente. En el sistema judío había un velo dentro del cual los sacerdotes iban a ofrecer incienso; luego había otro, dentro del cual ni siquiera los sacerdotes podían entrar y donde la gloria de Dios se entronizaba entre los querubines. El sumo sacerdote entraba solo a través de este velo, solamente una vez al año, con la sangre de la propiciación para ponerla sobre el propiciatorio y aún entonces, envolviéndose en una nube de incienso para que él no muriese. Así estaba oculto Dios dentro del velo. La Epístola a los Hebreos nos dice, "Queriendo el Espíritu Santo dar a entender esto: que el camino al Lugar Santísimo aún no había sido revelado en tanto que el primer tabernáculo permaneciera en pie."(Hebreos 9: 8 - LBLA). Incluso el adorador no podía acercarse para ofrecer sus ofrendas o sacrificios al altar que estaba fuera de los dos velos. El sacerdote recibía las ofrendas o la sangre de la víctima en sus manos y él los ofrecía.

Todo este sistema enseñó que los hombres no podían acercarse a Dios: Él habitaba en la densa oscuridad y ni siquiera aquellos que estaban más cercano a Él, Sus propios sacerdotes, podían aproximarse a Él; ellos deben permanecer fuera del velo. El Cristianismo es lo opuesto a todo esto, aunque se encuentran hermosas figuras de verdades acerca de Cristo en ello. Dios se ha revelado por medio de este. Él no habita en la densa oscuridad. La oscuridad ya pasó, dice el Apóstol Juan, "y la luz verdadera ya alumbra." (1a. Juan 2: 8). Y por una razón bendita y simple. El Verbo ha sido hecho carne y ha venido entre nosotros: la gracia perfecta se ha manifestado al mayor de los pecadores. En lugar de nuestra incapacidad para acercarnos a Dios, Dios se nos ha acercado. "Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo, no imputando a los hombres sus transgresiones."(2a. Corintios 5: 19 - Versión Moderna). "En él [Cristo] estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres." (Juan 1: 4). El registro de Dios es que "Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida." (1a. Juan 5: 11, 12). "Ha sido manifestada la gracia de Dios, la cual trae salvación. . ." (Tito 2: 11 - Versión Moderna) El mayor de los pecadores era bienvenido ante el Señor Jesús. En el caso del leproso, cuyo estado contaminado lo excluía del campamento de Israel y a cada uno que lo tocara (una imagen del pecado), Jesús puso Sus manos y lo tocó. La clemente misericordia nos ha visitado. Dios se ha mostrado a Sí mismo como el "amigo de publicanos y de pecadores." Pero esto está lejos de ser todo; porque, aunque Dios visitó así al pecador en la gracia, el pecador inmundo no podía acercarse a Él en Su santa morada. Por ello es que el bendito Jesús no sólo vivió sino que murió. Y ahora presten atención al efecto de Su muerte.

El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Éste era el velo detrás del cual Dios estaba previamente oculto e inaccesible. Pero aquello que rasgó el velo (esto es, la muerte de Cristo) quita perfectamente el pecado de todo aquel que cree en Él. Él ha llevado sus pecados: Su sangre los limpia de todo pecado. Y no sólo han encontrado que Dios es perfecto amor -ha mostrado Su amor por ellos, en eso de que mientras ellos eran aún pecadores, Cristo murió por ellos- sino que han encontrado, si ellos creen en la eficacia de ese sacrificio, aquello que ha purificado sus pecados, porque no fue hasta que "habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo" (Hebreos 1: 3), y no hasta entonces, que "se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas." (Hebreos 1: 3). Por esta razón es que la sangre de Cristo purifica la conciencia, haciéndola perfecta (Hebreos capítulos 9 y 10), y Dios no recuerda nunca más nuestros pecados e iniquidades. Por esta razón también es que "ya no hay más ofrenda por el pecado"(Hebreos 10: 18 - Versión Moderna), porque ellos son perdonados; y "porque con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que son santificados." (Hebreos 10: 14 - Versión Moderna)

La Epístola a los Hebreos, de la que cito estas declaraciones, da dos notables razones por las que no podría haber ninguna repetición del sacrificio, ni más sacrificio por los pecados. Primero, sin DERRAMAMIENTO de sangre no hay remisión; por consiguiente, Cristo debería haber SUFRIDO a menudo si hubiera alguna remisión además de la cumplida en la cruz. Además, se añade, los sacerdotes judíos estaban de pie ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca podían quitar los pecados, pero este Hombre, después de que Él hubo ofrecido un solo sacrificio por los pecados, SE SENTÓ para siempre; porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados. Tal es el lenguaje directo y bendito de la escritura. Dios mostraría Su misericordia y gracia hacia nosotros, pero Él no podía soportar el pecado, ni recibir ante Su presencia, en Su santa morada, lo que estaba contaminado y culpable, y por ello dio a Su Hijo para quitarlo, para que pudiésemos acercarnos en plena certidumbre de fe. Pero esta obra está cumplida una vez para siempre. Por consiguiente, nosotros tenemos (es la conclusión sacada en Hebreos 10) "libertad para entrar en el lugar santísimo,. . ., por un camino nuevo y vivo, que él ha abierto para nosotros, a través del velo, es decir, la carne suya."(Hebreos 10: 19, 20 - Versión Moderna). Allí no podía entrar ningún sacerdote cuando había sacerdotes (excepto el sumo sacerdote, una vez por año, como hemos dicho). Y ahora cada Cristiano puede entrar con libertad bajo el gran Sumo Sacerdote que está sobre la casa de Dios. Los creyentes son esa casa. Nosotros somos esos sacerdotes, como ya he mostrado. Ningún sacerdote puede ir más allá de entrar en el lugar santísimo; y yo no lo quiero allí, porque yo puedo ir libremente. Si hago que él vaya por mí, estoy negando mi propio derecho y carácter cristiano, y la eficacia de la obra de Cristo. Aquel que establece un sacerdocio en la tierra, entre el creyente y Dios, está negando la eficacia y la verdad de la obra de Cristo. Él ha muerto, "el justo por los injustos, a fin de llevarnos a Dios."(1a. Pedro 3: 18 - Versión Moderna). Si yo soy llevado A DIOS, no necesito un sacerdote: para que vaya a Él por mí. Si el velo está rasgado y si Dios me dice que entre en el lugar santísimo a través de ese camino nuevo y vivo, no necesito que otro vaya allí por mí porque yo no puedo ir -otro que tampoco podría ir si yo no puedo.

La esencia del Cristianismo es revelar a Dios y traernos a Dios para darnos una santa y feliz libertad como hijos en Su presencia, en la que nosotros podemos entrar limpios por la sangre preciosa de Cristo. La esencia de un claro sacerdocio humano, es afirmar que nosotros no podemos, sino que otros deben entrar a la presencia de Dios, ofrecer nuestras ofrendas y sacrificios por nosotros. Es una negación de la completa eficacia del Cristianismo y de la posición en la que todos los Cristianos están colocados; quienes, si el Cristianismo es verdadero, son todos sacerdotes de Dios en la tierra, para ofrecer sacrificios espirituales -el fruto de sus labios, alabando Su nombre.

Pero agrego más: es falso e inútil. El velo ESTÁ rasgado, Dios se manifiesta en Su santidad, la luz ha salido; y tú, mi lector, debes andar "en la luz, como Él [Dios] está en la luz" (1a. Juan 1: 7 - LBLA), o puedes que no tengas nada que decirle (a Él). No puedes tener un Dios oculto como en el judaísmo, un sacerdote a quien acudir, quien ni siquiera podría llegar a Él. La luz brilla y TÚ MISMO debes caminar en ella. No hay ningún velo ahora sobre la gloria de Dios; puede haberlo sobre tu corazón, pero entonces eres un incrédulo, y ningún sacerdote puede representarte ante Dios. Tú mismo tienes que estar de pie ante Dios en la luz. Si has entrado por medio de la sangre de Cristo, tanto más mostrará la luz que estás perfectamente limpio por medio de ella. Pero incluso puede que no estés limpio y otro no puede entrar a la presencia de Dios por ti. Si estás limpio, eres un sacerdote y tú mismo te tienes que acercar.

La obra de Cristo es una obra perfecta y divina, pero no te puedes acercar a Dios aquí abajo por medio de un representante. No puedes tener a otra persona limpia y santa por ti en la tierra. Si Cristo ha respondido por ti, todo está bien. Entra tú mismo libremente ante el trono de la gracia. Si no, nadie más puede hacerlo por ti. Ahora que Él ha sido revelado, tú TIENES QUE VER DIRECTAMENTE CON DIOS. Si no vienes a Él a través de Cristo, no hay ninguna duda que será en condenación; pero tienes que venir por ti mismo: el estado de tu propia conciencia es directamente un asunto entre tú y Dios. Si tu vienes a Dios por medio de Él, ningún sacerdote humano puede interferir, ni tampoco necesitas ninguno.

Entonces, repito: el establecimiento de un sacerdocio humano, como una clase distinta de todos los otros Cristianos, es el rechazo de la verdad y la eficacia del Cristianismo.

Todos los Cristianos son sacerdotes, según el Nuevo Testamento: sus ofrendas son ofrendas espirituales de alabanza al nombre de Dios.

J.N.Darby (1800-1882)
Traducido por: B.R.C.O.
TEXTO REVISADO EL: 22.10.2002.-

PETICIONES y MENSAJES DE SALUDO O REFLEXION.