ASAMBLEAS DE LOS HERMANOS

lunes, 14 de julio de 2008

Llevados al extremo

Llevados al extremo...

A la reina Ester se le había dicho lo siguiente:
“...no pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis...” (Ester 4:13-14)

Y Jonás, en la oscuridad, incomodidad y poco agradable cavidad el vientre de un enorme pez, parece haber comprendido que esto es una especie de máxima: Dios tiene un Plan y lo lleva a cabo con o sin nosotros. Pero si optamos por no acompañarlo en Su Proyecto, deberemos aceptar también las consecuencias que ello nos atraiga.

Al momento de entender esto, Jonás oró así:

“Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste. Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.

Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; mas aún veré tu santo templo. Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo; el alga se enredó en mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan” (Jonás 2:1-8)

¿Alguna vez oyó la Voz de Dios para una tarea específica? ¿Por alguna razón no la llevó a cabo? Si su vida no se derrumbó luego de eso, si “un enorme pez no se lo tragó”... es porque Dios aún lo está esperando... Aún está a tiempo de decirle:

“Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová” (Jonás 2:9)

En Hechos 9 podemos encontrar el llamado a Ananías para ayudar a Saulo, el perseguidor de la iglesia, a crecer en el Camino. Ananías tenía razones para temer, al igual que Jonás, ya que la fama de Saulo era terrible, pero él decidió aceptar el encargo del Señor, más allá de los peligros que pudieran atraerle.

Recordemos: Dios nos permite elegir: para ver bendiciones o para afrontar consecuencias...

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