ASAMBLEAS DE LOS HERMANOS

jueves, 21 de agosto de 2008

PRINCIPIOS DE GOBIERNO DE LA ASAMBLEA ILUSTRADO EN 1 SAMUEL


"Principios de Gobierno De La Asamblea Ilustrados En Primero Samuel"


La matanza De Los Sacerdotes Por Saúl (cap. 22:6 23)
Llegamos ahora a una de las páginas más oscuras en toda la historia de Saúl la matanza que hizo de los sacerdotes de Nob.

Luego de oír del éxito de David y de su pacto con Jonatán, Saúl reunió algunos de sus más cercanos seguidores, mayormente de su propia tribu, a un árbol en Ramá para algo así como un Consejo de Estado. Esta reunión de sus hombres está en contraste con la reunión en la cueva que acabamos de considerar. En esta vemos la declinación del poderío de Saúl, así como en la otra vemos el comienzo del de David. Pobre hombre, con su hijo en contra de él, y con el temor que la Nación estuviese lista para traicionarlo, él se lamenta de sí mismo.

Sus lamentos son interrumpidos por el principal de sus siervos Doeg, quien indudablemente percibió una oportunidad para ganar ventaja por adular al rey. Relató en forma vívida lo que él presenció en el Tabernáculo cuando David llegó allí y obtuvo pan y la espada, de parte del sumo sacerdote. Esto amontonó más combustible en el fuego de la ira de Saúl. Llamó a Ahimelec a su presencia y escuchó su clamor de inocencia. Aun así, la influencia de Doeg prevaleció y el rey en seguida ordenó la ejecución del sacerdote y de toda su casa, junto con todo el ganado que ellos poseían. El hombre que, más antes, había perdonado a Amalec y a lo mejor de su ganado cuando se le había dicho por el Señor que destruyera todo, ahora destruye completamente a los sacerdotes del Señor, a quienes debía haber perdonado. Y, todo por ninguna otra razón que la de su propio interés personal.

Las lecciones que deben aprenderse de esta acción de Saúl son de mucho valor. ¿No nos muestra esto que cuando un hombre responsable se aleja del Señor en su corazón, se convierte en un hombre cruel? La comunión con Dios mantiene tierna el alma y humilde la mente. Además, nos muestra que cuando los hombres son incapaces de librar las batallas del Señor, descargan su venganza sobre los débiles e inocentes: ningún hombre de Nod poseía algún medio de defensa. Asimismo, vemos cuán cauterizada puede ponerse la conciencia hasta que los más malvados hechos se pueden practicar con impunidad. Los siervos de Saúl tenían cierto respeto del oficio sacerdotal, pero su señor no tenía ni el más mínimo. Finalmente, notemos que casi siempre hay alguien dispuesto a hacer la acción más necia, sólo por ganar favor con los que están en eminencia. El odio edomita en Doeg respondió a la ocasión, y efectuó tan cobarde acción. El hombre que previamente había adorado en el Tabernáculo, ahora lo contamina con la sangre de los que servían allí.

Detrás de esta triste y salvaje calamidad estuvo el trato providencial de Dios. ¿No fue acaso la ejecución de Su decreto contra la casa de Elí que consideramos al principio del libro? Sin darse cuenta, Saúl fue el instrumento usado para cumplir la profecía del varón de Dios, aunque de ninguna forma esto minimiza su culpa, porque a diferencia de su ataque a Amalec, él no tenía la orden del Señor en esta vez, sino que actuó impulsado por su propio corazón malo.

Un detalle brillante en el cuadro oscuro delante de nosotros es el escape de Abiatar, uno de los hijos de Ahimelec. Su huída a David no sólo le dio su propia seguridad, sino que satisfacía una necesidad en la banda de seguidores de David. Ahora David tiene la compañía de los valientes, el profeta Gad, y el sacerdote Abiatar todos los elementos esenciales de su reino.

Albert McShane
(A continuar, D.M.)

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